El lenguaje está lleno de matices que la mayoría de las veces pasamos por alto. La utilización de un sinónimo u otro, que aparentemente su uso es indistinto, o de un verbo que puede ser sustituido por otro sin variar el concepto, modifica totalmente la percepción del mensaje que se quiere transmitir.A modo de ejemplo, imaginemos que alguien cuyos mails suelen ser los típicos que ruedan por la red de mano en mano te dice: -“Te he enviado un correo”. Lo primero que te viene a la mente es que se trata de algún chiste, algún pps o alguna información interesante. Sin embargo, si esa misma persona te comenta:- “Te he escrito un correo”, automáticamente piensas que se trata de algo personal.
Los matices, tan poco importantes en apariencia…
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