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20 octubre 2012

Pía Barros

 

Por amor, Madre, por amor estoy aquí. Sólo quiero la herencia de este suéter tuyo que no me he quitado en la semana entera que cuido tu agonía. La textura de esta lana que estuvo en ti cuando eras otra y la vida se te pegaba a los dedos. El abrazo de esta lana por todos los abrazos que no nos dimos, porque nos abrazamos poco, madre, y es horrible constatarlo ahora en que te mueres tanto y tan rápidamente. Queda poco tiempo. Nos queda poco tiempo, madre. Aunque fueran mil años, es poco el tiempo que nos queda ahora en que la muerte empareja tus costados. Te quiero y estoy aquí. No sé expresarlo, ni llorar. Tú y los demás se burlaban de mis llantos y aprendí a no mostrarlos, madre. El llanto es un tatuaje oculto más. Ahora querría llorar y no puedo, madre, sólo quererte y estar, estar siempre.

Se te hunden día a día los ojos, madre, se van alejando los ojos de las cosas tangibles, de lo inmediato, de ese mundo que los otros no ven. La piel se te queda en las cosas que tus ojos tocaron, la carne en los espacios donde estaban tu risa y tu voz. La piel que te queda ahora es sólo una carnada para que pique la vida: tú y yo sabemos que es un truco. La vida se te va por los ojos abiertos desmesurados ante el ahogo, opacos al recordar en silencio, velados para mirarnos sin que nos demos cuenta con la pudorosa mirada de la memoria,porque la memeoria lo disfraza todo, madre, y así nos oculta la magnitud de tu dolor.

Pero de pronto adviertes que yo estoy aquí, madre, y nuestras miradas se cruzan, se abrazan sobre el aire de los otros, nuestras miradas se perdonan y humedecen en un pacto del ser, mientras el parloteo insulso que se guarda para los enfermos intenta sobresalir al ruido constante de la lluvia.

Entonces, madre, levantas imperceptiblemente tu dedo y yo lo sé y cruzo la habitación para expulsar a los otros e inclinarme ante tu cama y coger tu mano, tu mano huesuda ahora entre mis manos pequeñas y carnosas, te doy calor por las manos, voy hacia ti por las manos y me muero de ti en mis manos y te la dejo entibiada y entonces nuestros dedos entrecruzados, entonces amantes, entonces sí, te duermes.

Mientras acaricio tu cabeza y tú dormitas confiando en que mientras esté aquí ni un segundo estarás sola, yo prefiguro, madre. Prefigurar fue siempre el modo de permanecer y evadirme, de entregar y de ocultarme. Algunos le llaman a eso literatura, madre, en mi mundo que rara vez se topó con el tuyo, le llaman ficcionar. Pero cuando era niñez y era caballos y escarcha y pan de la Matilde y esconder la montura porque yo nunca fui señorita para galopar a pelo en el horizonte y sentir el sudor de mi yegua y el olor a lluvia y los castigos, prefigurar no tenía nombre, madre, como la mayoría de las cosas, no había nombre, conocimiento ni pecado, sólo sensaciones fuertes y olores a esconderme para imaginar, para que no me dijeras loca, o mentirosa, o así no vas a llegar a ninguna parte, y prefigurar era palabra y escondite y universos, madre, donde yo soñaba contigo y éramos y me parecía a la que tú creabas para mí y así no había rechazos, ni traición, ni dolor. Yo te amaba a secas, madre, te amaba, mam, mamam, má, sin palabras, te amaba hosca y desafiante como siempre he sabido amar.

Ahora prefiguro, madre, pienso en tu mortaja en tu mar y en tus plantas. No sé cómo anudarlos, cómo hacer que los lleves contigo. En este invierno en que te mueres, madre, yo sólo puedo darte mi lluvia y mi frío, son modos diferentes de amar y sé que ahora lo entiendes. Pero aquí estoy, como un tributo y recuerdo, madre, recuerdo contigo, y en el fragor de los excesos de la morfina, hasta recuerdo cosas que no recuerdo.

Por ti estoy aquí, madre, instalada en la mentira y el vacío, convulsa sobre el horror y la impiedad. Pero te amo, madre, y he sido antes la vida robada a tu vientre, también he entregado vientres al mundo que me parirán cuando me muera en sus ojos. Ahora sé que dormitas la muerte, madre, que te acercas y acercas cada vez que sueñas tus sueños inquietos y atormentados, la muerte te roza los labios y la boca abierta y yo quiero que se vaya, despertarte para que la muerte se vaya, no puede quedarse, madre, éste es un viaje para ambas y aún no estoy lista. ¿Te das cuenta? Yo, la madura, la sabia, según tú la más fuerte, la de las respuestas por anticipado, aún no está lista; la que nunca acunaste en tus rodillas, la arisca, la que no consolaste ante la tristeza de la primera menstruación, la primera cita ni el primer abandono, la más dura, madre, no está lista. Soy huerfana, madre, y debo tenerte antes de que me dejes del todo. Yo también guardo el mundo pudriéndose dentro del pecho y gimo y me duele mientras duermes. No estoy lista, aún queda tanta sangre que pasar por tus venas. Deja correr la sangre, madre, como la lluvia se desloma sobre los techos ahora, con rabia, con dolor, con siglos, deja correr la sangre, madre, aún no estoy lista.

Ayer me he ido tranquila a casa, ante tu rostro sereno. En la madrugada, un llamado me devuelve catapultada y recorro ansiosa los kilometros que nos separan. Siento miedo, madre, miedo de que tengas el descaro de morirte sin mí. De regreso veo tus ojos recuperando pasados y presentes, confundiéndolos, ayer soy niña y me preguntas por mí, ahora soy yo y me preguntas por mis niñas. Los tiempos se te confunden y toda yo soy el tiempo que me has dado. Miras confundiendo, así, simplemente. Si te duermes, tu sueño es un largo quejido. Sobre tu muro, un Cristo te observa. Mi fe escéptica y hereje corroe desconfiando. Tú te quejas lastimera, se entrecorta tu quejido, tu largo aullido callado de loba apagada que me quema por dentro. Aprendes a morir, madre.

A prender a morir, eso pido egoísta para mí con esta fe que se desploma, en este fin de siglo que no tiene más verdades que la derrota.

Cuántos quejidos tiene la muerte, cuántos nos acercan a ella, ¿será cuestión de matemáticas, madre? Tú los das todos esta noche, no hay absorción de aire sin ellos, sin los quejidos que acortan el trecho o tal vez tapizan el suelo para que la muerte pase con menos estrépito, aquietados sus pasos por el sonido lastimero de los quejidos dejados cada tanto en el camino. (Cuando se te clava la vida en mitad del nombre, qué harás con la muerte entonces). Ya no sé lo que escribo, madre, y me gusta decirte madre así, sonora, grandilocuente, como me siento esta noche que no acabará, porque esa palabra tan corta y definitiva la ronda. En un cuento cortaziano, madre, ésta es una noche eterna y aquí estamos las dos, yo sonriendo para cuando abras de tanto en tanto los ojos y te tranquilices al verme y los vuelvas a cerrar para retomar tus quejas. En este cuento, madre, yo no te traiciono, pero fuera del cuento, tengo que aprender a morir y a traicionar. Yo aquí, a los pies de tu cama, en esta noche donde todo se detiene, mi dolor, tu dolor real y seguro, agrandándose. Ante mí, el DOLOR con mayúscula y Cortázar haciendo un guiño triste y secreto, mientras en otro lugar, que es tu sueño, ese sueño de quejidos donde yo no quepo, se teje la verdadera realidad, porque aquí soy una marioneta apenas que escribe tu lamento a los pies de tu cama para no estar sola, porque no lo estoy ahora, estoy tan cerca de ti, tan aislada de los otros, tan muriendo en ti y tan viviendo en ti de esta otra manera que es ir contigo paso a paso hasta la muerte. Duerme, madre, aquí estoy, a tu lado.

No sé cómo es tu muerte ahora, si huesos o piel aún, madre, ahora en que otras muertes vienen a mí para hacerme saber que ninguna muerte es justa, y pienso en Ari, tan niño y con toda esa muerte venciéndole la mirada, tanta muerte para él solito, tanta muerte, madre.

De qué te sirvió esa elegancia que tuviste hasta morir, madre, sólo para mi rabia, tal vez para eso sirva, sólo para descomponer lo compuesto, para que yo ría a sollozos de esa bocanada de vida tan elegantemente arrebatada a tus dientes.

Muero contigo un poco a veces, madre. Sobre todo por la noche. Así me entero de que nada tiene sentido, salvo la lógica implacable de los pulmones respirando y el corazón que late aún a nuestro pesar cuando despertamos cada mañana. Me muero un poquito en las noches como ahora, en que persigo la muerte a cada tranco que da el silencio en la oscuridad. Cerca mío , seguro, mueren otras madres de otros alguien, cerca nuestro, por supuesto, demasiados huesos empiezan a vestirse de gusanos.

Yo no sé cuánta muerte me andarás ahora, ni cómo habito mi vida luego de haberte mirado morir los ojos, madre, porque los ojos te agonizaron primero y se te fueron muriendo antes, mucho antes. Si yo muero, no quiero ese velo, madre, manotéalo desde tu muerte, déjame si puedes un tren en la lejanía, un pájaro perdido, un caballo. No fui surrealista para invocarte un peina roto y una lámpara de tobillo, me hubieras dicho ¡Qué ocurrencia! con un respingo descalificador. ¿Qué le dices a la muerte ahora, madre? Tú me lo dirías, yo lo sé, no me guardarías secretos si pudieras. Sólo escondiste el dolor, la soledad, las ausencias y eso no se parece a la muerte aunque lo creamos, no se parece a su velo opacando la mirada, a la frialdad de tus pies, a tus carnes escasas escaseando aún más, luego de que la muerte te paseara por los pómulos.

Todos tuvieron miedo de tu boca abierta. Cerrarte la boca. Qué secreto irías a gritar desde la muerte que se apresuraron a apretarte la barbilla, madre. No podías abrazarme ni decirlo en mi oído, te cerraron la boca, madre, para que no me contaras cómo es llenarse de tanta muerte, para que no cambiaras el libreto a último minuto.

Pero yo besé tu boca, madre, tu boca fría que no se opuso a mi beso. Sólo el último tiempo permitiste mis caricias y cuando nadie podía presenciarlas. Yo entendí, madre, entendí. Como al descuido, te hablaba despacito y te acariciaba el pelo. Te veías tan niña, avergonzada, sometida a mi caricia, recibiéndola como animalito humillado, que sólo podía llamarte por tu nombre bajito, no decir mamá, no decir madre nunca, porque eran voces secretas, a hurtadillas caricia, a hurtadillas yo era tu madre, madre tuya, yo era tan milenaria y tan imposible, tan innecesaria mi mano en tu pelo y mis palabras, pero tú entendías esa pobreza torpe de mis conjuros... lo entendía tu boca helada cuando la besé.

Aún no puedo hablarte como querría, ni sonsacar secretos compartidos, madre. Tanta mordazamortaja, madre. Qué secretos, ahora la muerte nos iguala, somos lo que somos, madre, aunque yo camineyrespireymemueraadiario, padecimos de la misma vida y lograremos tocarnos en la misma muerte. Nunca supe que fuese tan fácil y no entiendo. Aprendo, sí, a traicionarte. Aprendo a dejarte tierra abajo, como a todas, amordazada, exigiendo respuestas y abandonos y presencias y secretos, pero amordazándote como lo hicieron los otros, por si me los cuentas, por si regresas algún día y me lo cuentas.

09 julio 2012

Paul Pen


"Había vociferado frente a todos el secreto innombrable del Open. El secreto que hacía de la tienda del americano el lugar ideal para que los críos de Arenas inventaran historias. La noche del disparo, hacía años. Y el chico que murió. En realidad, todos habían oído a sus padres o a sus hermanos mayores hablar de ello alguna vez.A sus madres recordarlo en la caja del supermercado. Pero la mirada que les dirigían justo
después, y el súbito cambio de tema que siempre se forzaba a continuación, habían dejado claro a todos los niños del pueblo que eso era algo de lo que no se debía hablar. Como no se hablaba tampoco de
aquella silueta oscura que sólo algunos habían llegado a ver aparecerse tras las cortinas del cuarto principal de la casa al final del camino de arena. El del Open era un secreto que no se podía compartir.
Y menos aún gritar a plena luz del día a la puerta del colegio."

http://www.lalibreriadejavier.com/?p=18323


22 junio 2012

Carmen Martín Gaite

Para el alma que ella dejó de guardia permanente,
 como una lucecita encendida,
 en mi casa,
 en mi cuerpo
 y en el nombre por el que me llamaba.

03 octubre 2011

Juan josé Arreola

"Cuento de horror" 

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. 
Yo soy el lugar de las apariciones.


Armisticio 


Con fecha de hoy retiro de tu vida mis tropas de ocupación. 
Me desentiendo de todos los invasores en cuerpo y alma. 
Nos veremos las caras en la tierra de nadie. 
Allí donde un ángel señala desde lejos invitándonos a entrar: 
Se alquila paraíso en ruinas.

Miguel Sandín

"Enfrentarse a un horror cualquiera es mil veces preferible a temerlo; en cambio, es mejor acariciar la dicha por anticipado que tenerla entre manos. Eso de debe a la triste evidencia de que la realidad no alcanza nunca por exceso los límites de nuestra imaginación, y así, cuando las circunstancias adopten formas de modelo con cuerpo escultural,  puedes estar seguro de que nada más tenderse a tu lado en la cama oirás una tremenda y apestosa ventosidad. Es una ley de la vida tan sólida como la enfermedad o la muerte. "


http://www.lalibreriadejavier.com/?p=14649

10 mayo 2011

Núria Riera Carrillo




"...Mamen, parece que todo está bien, pero esta noche se va a quedar aquí en observación. Se ha dado un buen golpe.
- Fantástico. Mi primer noche de vacaciones y, en vez de atardecer y vino, fluorescentes y caldo de arroz.
- ¿Quiere que avisemos a alguien?
- Avise al destino de que no voy a llegar a tiempo para ser feliz."

22 marzo 2011

Julio Llamazares


"Mis padres se pasaron la vida pensando en el día de mañana. Tú piensa en el día de mañana, tú ahorra para el día de mañana, me decían. Pero el día de mañana no llegaba. Pasaban los meses y los años y el día de mañana no llegaba.
Hoy, de hecho, mis padres ya están muertos y el día de mañana aún no ha llegado"

Hoy he tenido el placer de asistir a la presentación de este libro, y debo reconocer que el autor ha estado más que a la altura. Ameno,cercano, distendido ... podría haber pasado horas escuchándolo.

21 febrero 2011

Elena moreno


Me hubiera gustado novelar la historia de mi generación, pero la ansiedad de vivirlo todo no me permitía sentarme, detenerme y escribir. En el fondo, la literatura no hace otra cosa que encargarse de contar las emociones de la historia y para eso hay que gozar de perspectiva. (…) La literatura quiere reafirmar la historia, ponerla en su sitio, rebelándose al olvido, tan perjudicial para la salud moral de los pueblos. Pero la literatura tiene que emocionarte y, como el chicle de menta, debería explotar el frescor casi insoportable de una palabra que te abre los pulmones de la sabiduría de un golpe.

19 octubre 2010

Herman Koch

... La felicidad se basta a si misma, no necesita testigos.
"Todas las familias felices se parecen entre si, pero cada familia desdichada ofrece un caracter peculiar", reza la primera frase de Ana Karenina, de Tolstoi. Sólo me atrevería a añadir que las familias desdichadas, y sobre todo los matrimonios desdichados, nunca pueden estar solos. Cuántos más testigos tengan, mejor. La desdicha busca siempre compañía. La desdicha no soporta el silencio, sobre todo los silencios incómodos que se producen cuando se está a solas.

28 agosto 2010

Daniel Glattauer


“…hoy alteraré nuestras costumbres y te contaré algo de mi vida.

Ella se llamaba Marlene.
Hasta hace tres meses habría escrito: se llama Marlene. Hoy, se llamaba. Después de cinco años de presente sin futuro, por fin me he resignado al pretérito imperfecto.
Te ahorraré los detalles de nuestra relación.
Lo mejor de todo siempre era volver a empezar. Como a los dos nos apasionaba tanto volver a empezar, lo hacíamos cada dos meses.
Cada uno era para el otro “el gran amor de su vida”, pero nunca cuando estábamos juntos, solo mientras nos esforzábamos en volver a estarlo…”

06 julio 2010

Oscar Santos Payán

"Las fiestas son en honor a nuestro patrón,San Jorge Aguado. Se llama así por un tal Jorge que cayó por el pueblo hace unos 200 años. Dicen que llegó a Cataratas y trajo con el las lluvias más largas de toda nuestra historia.
Ese tal Jorge era soltero, pero aquí se puso ciego. los lugareños le prestaban a sus mujeres para que las santificara y que cada una llevara, de esa forma, agua a las tierras de sus maridos. Un día y una noche tenían que pasar con el en la cabaña del tío Barret, un loco charlatán que vivía aquí por entonces, y que cedía su casa para tal fin.
Ya se pueden imaginar: por el día las paseaba por las tierras de sus maridos, y al llegar al pueblo ellas compraban comida para la noche. volvían en el carro del tío Barret, y este los despedía en la misma puerta, como se despide a unos recién casados. La pareja se encerraba en la casa y apagaba los candiles. De madrugada los vecinos más cercanos oían terribles gritos y gemidos, e, incrédulos, rezaban hasta el amanecer agarrados al crucifijo y próximos a algún cuenco lleno de agua bendita. Hasta la misma salida del sol no cesaban los ruidos y sonidos extraños. después salían y el las despedía con la señal de la cruz.
Y en la puerta ya estaba esperando otra mujer con su marido.
Dice la leyenda que las exortizaba sacando de ellas todo el agua, que después, multiplicada millones de veces, caía sin pararsobre las tierras de los vecinos de Cataratas, que antes de llega San Jorge se llamaba villafranca del Secano.
Yo no me creo mucho la historia, y Jorgito tampoco. Pienso que el muy jeta se pasaba por la piedra a medio pueblo y después, con un rito desconocido, le pedía a no se quien el agua, que caía a mansalva del cielo.
También pudo ser casualidad, pero mucha tendría que haber sido cuando cuentan que brotaron pozos en todas y cada una de las tierras que él había santificado de esa manera tan original.
Buen negocio el de nuestro patrón. nunca más se supo de el, nunca. desapareció el 3 de julio de ese año como por arte de magia. Un mes estuvo sembrando, el muy cara, y si hiciesemos cuentas y tuvieramos el registro a mano, descubriríamos que las mujeres que fueron bendecidas parieron un retoño nueve meses después.
¡Joder con San Jorge, no te puedes fiar ni de los santos!. Ahora, doscientos años después, cada 3 de julio, lo sacamos y lo paseamos por el pueblo entre vitores y aplausos. nos ha fastidiado. Mirándolo bien, el tal Jorge puede ser el tatarabuelo de medio pueblo, y no vamos a despreciar a un familiar, ¿no?"

07 mayo 2010

Raul Brandao

" Soy un simple espectador de la vida, que no intenta explicarla. No afirmo ni niego. Hace mucho que huyo de juzgar a los hombres, y, a cada hora que pasa, la vida me parece o muy complicada y misteriosa o muy simple y profunda. No aprendo a morir, desaprendo a morir. No sé nada, no sé nada, y no saldré de este mundo con la convicción de que no es la razón ni la verdad las que nos guían: solamente la pasión y la utopía nos llevan a conclusiones definitivas. El papel de los locos es el más importante en este desconsolado planeta, aunque los demás intenten corregislos y canalizarlos… Por eso comprendo que es tan difícil aseverar la precisión en un hecho cómo juzgar a un hombre con justicia. Todos los días cambiamos de opinión. Todos los días somos empujados a kilometros de distancia por cualquier cosa delirante, que nos lleva a lugares desconocidos. Siempre sucede que, pasados unos meses desde lo escrito, me llega la duda y el vacío. Siento que ya no me pertenece. Es por ésta razón que no condeno ni explico nada, y huyo antes de descender a mi interior, para que no reconozcan con asombro que soy irracional – de esa forma no discrimino lo que creo y lo que no, y compruebo lo que me pertenece y lo que pertenece a los muertos. "

16 marzo 2010

Muriel Barbery

“…le he cerrado la puerta en las narices… He vuelto a abrir la puerta nada más cerrarla.
- Disculpa, es que hay corriente.
Antonie Pallières me ha mirado con la expresión de alguien que se pregunta si de verdad ha visto lo que ha visto. Pero como está entrenado para considerar que sólo ocurre lo que tiene que ocurrir, de la misma manera que los ricos se convencen de que su vida sigue un surco celestial que el poder del dinero cava naturalmente para ellos, ha tomado la decisión de creerme. La facultad que tenemos de manipularnos a nosotros mismos para que no se tambaleen lo más mínimo los cimientos de nuestras creencias es un fenómeno fascinante.”

09 marzo 2010

Roberto Bolaño

" Tal vez fue la locura la que me impulsó a viajar. Puede que fuera la locura. Yo decía que había sido la cultura. Claro que la cultura a veces es la locura, o comprende la locura. Tal vez fue el desamor el que me impulsó a viajar. Tal vez fue un amor excesivo y desbordante. Tal vez fue la locura.
Lo único cierto es que llegué a México en 1965 y me planté en casa de León Felipe y en casa de Pedro Garfias y les dije aquí estoy para lo que gusten mandar. Y les debí de caer simpática, porque antipática no soy, aunque a veces soy pesada, pero antipática nunca. Y lo primero que hice fue coger una escoba y ponerme a barrer el suelo de sus casas y luego a limpiar las ventanas y cada vez que podía les pedía dinero y les hacía compra. Y ellos me decían con ese tono español tan peculiar, esa musiquilla ríspida que no los abandonó nunca, como si encircularan las zetas y las ces y como si dejaran a las eses más huérfanas y libidinosas que nunca, Auxilio, me decían, deja ya de trasegar por el piso, Auxilio, deja esos papeles tranquilos, mujer, que el polvo simpre se ha avenido con la literatura. Y yo me los quedaba mirando y pensaba cuánta razón tienen, el polvo siempre, y la literatura siempre, y como yo entonces era una buscadora de matices me imaginaba los libros quietos en las estanterías y me imaginaba el polvo del mundo que iba entrando en lasbibliotecas, lentamente, perseverantemente, imparable, y entonces comprendía que los libros eran presa fácil del polvo (lo comprendía pero me negaba a aceptarlo), veía torbellinos de polvo, nubes de polvo que se materializaban en una pampa que existía en el fondo de mi memoria, y las nubes avanzaban hasta llegar al DF, las nubes de mi pampa particular que era la pampa de todos aunque muchos se negaban a verla, y entonces todo quedaba cubierto por la polvareda, los libros que había leído y los libros que pensaba leer, y ahí ya no había nada que hacer, por más que usara la escoba y el trapo el polvo no se iba a marchar jamás, porque ese polvo era parte consustancial de los libros y allí, a su manera, vivían o remedaban algo parecido a la vida. "

17 febrero 2010

Alejo Carpentier

" Y ahora vuelvo a encontrar la que fue mi casa, como si entrara en casa de otro.
Ninguno de los objetos que aquí veo tiene para mí el significado de antes, ni tengo deseos de recuperar esto o aquello...
El olor peculiar de este apartamento me devuelve a una vida que no quiero vivir por segunda vez..."

"Los mundos nuevos tienen que ser vividos antes que explicarlos"

29 enero 2010

Alonso Cueto

A veces se quedaba en silencio, y yo me preguntaba que pasaba por su mente.
Muchas tardes, antes del lonche, salimos a dar un paseo por su barrio.

Rebeca era capaz de maravillarse mirando la enredadera de una fachada o de acercarse a sentir el aroma de unos jazmines al atardecer .
Un día me describió todos los colores azules, morados, grises en el cuello de una paloma que se había parado en un árbol.
Si miras cualquier cosa durante mucho rato, te vas a dar cuenta de que es un milagro, me dijo, no sé dónde leí eso.
En otra ocasión, caminando por la calle, pateamos una piedra durante varias cuadras.
Cuando llegamos a su casa, tomó la piedra y se la guardó en el bolsillo.
Un recuerdo de este día, me explicó.

06 octubre 2009

Miguel Sandín

Entender es igual que ver la televisión, nomás tienes que seguir sentado en tu silloncito creyendo que haces algo importante. Pero si te fijas, nada que sea de verdad valioso se entiende del todo. ¿El amor se entiende, el sexo, la muerte se entiende? ¿Las pasiones, el genio, los vicios, la nostalgia, la armonía, Dios mismo o su rechingada ausencia?...dime, ¿algo de eso se entiende?
Le miraba como si las pupilas precedieran a las gafas y no al contrario. Incluso su rostro de marmol se había cubierto con un violento barniz sanguíneo en la frente y las mejillas. Augusto no recordaba no recordaba haberle visto así y entendió - carallo, nunca el la vida volvería a sentirse orgulloso de entender - que por algún motivo esas palabras constituían una autentica declaración de principios.
- Tiene razón, no se entiende una mierda- dijo, y se dispuso a preparar otro buchecito solidario.
- Pero...claro que no compadre, ¿y sabes una cosa? De morirme me apena lo que más perderme justito todo eso que no se entiende, porque una vez muerto me vale madres entenderlo todo si no se me para la pinga ni puedo agarrarme una buena guarapeta, ¿me captas?

http://www.elgusanodelmezcal.com/blog/

15 septiembre 2009

Jacques roubaud

" No puedo escribir de ti más verídicamente que tú misma. No es que sea incapaz por naturaleza, sino que la verdad de ti, la has escrito. Y porque tú escribías para ser leída sólo después de muerta, porque la he leído, contigo muerta, y hecho mía, esa verdad es la más fuerte de todas. No podré ir más allá. Lo que guardo de ti, y que sólo a mí incumbe, no es del orden de la verdad sino de la física: Tacto de las rodillas a la frente, sabor de cerveza en la lengua, perfume en los brazos, debajo, vista y voz, de lejos, me abrasan: circuitos que no se apagarán. aún no. Eso es sólo mío, y con razón. Sólo escribiré de ti desde mi propia altura. O bien me acuesto y hago sombra.
(...)
Nada me influye en la negrura, la noche se lleva la luz, los objetos son reales como huellas, no se ven, pero se intuyen. Y el silencio es lo que queda cuando todo se sabe y nada se espera.
"

15 abril 2009

Belén Gopegui

"Todo "te quiero" entraña una promesa y las promesas nos dañan, pues dividen la vida en momentos de obediencia y momentos de traición. Yo te digo "te quiero" y desato tu fantasía. Si una brizna de paja se convierte en viga en el ojo ajeno, una pequeña promesa se convierte en gran presagio de dicha que trae consigo el fraude, un principio de rencor por lo hablado y no cumplido. ¿Y quién podrá cumplirlo?, nadie, nadie. Brezo, los amantes no son, como dijera Shakespeare , el monstruo de dos espaldas, ni tampoco el ave fénix que renace de sus cenizas, sino más bien la fiera que se come a sí misma."

06 marzo 2009

Miguel de Unamuno

" Rosa no era una hermosura cual él se había creído y antojado, sino una figura vulgar, pero con todo el más dulce encanto de la vulgaridad recogida y mansa; era como el pan de cada día, como el pan casero y cotidiano, y no un raro manjar de turbadores jugos.
Su mirada, que sembraba paz, su sonrisa, su aire de vida, eran encarnación de un ánimo sedante, sosegado y doméstico.
Tenía su pobre mujer algo de planta en la silenciosa mansedumbre, en la callada tarea de beber y atesorar luz con los ojos y derramarla luego convertida en paz; tenía algo de planta en aquella fuerza velada y a la vez poderosa con que de continuo, momento tras momento, chupaba jugos de las entrañas de la vida común ordinaria y en la dulce naturalidad con que abría sus perfumadas corolas.
¡Qué de recuerdos! Aquellos juegos cuando la pobre se le escapaba y la perseguía él por la casa toda fingiendo un triunfo para cobrar como botín besos largos y apretados, boca a boca; aquel cogerle la cara con ambas manos y estarse en silencio mirándole al alma por los ojos y, sobre todo, cuando apoyaba el oído sobre el pecho de ella, ciñéndole con los brazos el talle, y escuchándole la marcha tranquila del corazón le decía: ¡Calla, déjale que hable!. "