Sonia leía tus cartas a la luz de un candil. Hojas vacías.
Veía una tras otra, cada una llena de líneas de nada.
Y se aferraba a aquella única vieja nota, que decía viejas cosas que ya no valían para ti:
"Ser ciego es cuestión de voluntad.
Y las lágrimas son verdades.
Por eso salen con esa facilidad,
porque quien las llora no las acepta,
no las quiere portar."
Y las lágrimas son verdades.
Por eso salen con esa facilidad,
porque quien las llora no las acepta,
no las quiere portar."
No hay comentarios:
Publicar un comentario