Para mayor facilidad

04 enero 2009

-213-

Fue así señor comisario. Yo no le dejé entrar.
Puedo jurar que mis arterias estaban totalmente clausuradas por prescripción facultativa. Cerradas con doble pestillo y la llave arrojada al mar.
Déjeme que le cuente lo ocurrido y escuche sus conclusiones profesionales muy atentamente. ¿Puedo sentarme?
Alguien ha invadido mi intimidad. Se ha metido a colapsar el tráfico en mi cuerpo con nocturnidad y alevosía, y ahora sufro de arritmias constantes.
¿Podemos considerar eso como delito de sangre? Usted es el experto.

No, no sé cómo entró. Y no, no sé describirle, porque si le cuento que tenía la mirada más increíble del mundo, usted pensará en su mirada particular, cada uno tenemos una. ¿Le parece muy absurdo todo esto?
Ni si quiera llamó a la puerta, no me dio tiempo de asomarme a la mirilla a ver si su compañía me interesaba para abría puertas y ventanas, entró como un torrente y ahora está dormido a pierna suelta en el sofá de mi mente.
De verdad, no pude hacer nada por detenerle. Entró y se ha quedado.
Quizás como delito de ocupación indebida podamos tomar cartas en el asunto...

El caso es que ahí sigue, perenne, y mi circulación se acelera. Este espacio era mío, única y exclusivamente mío, y ya estaba decidida a no albergar a nadie más.
Sí, no se asombre, a pesar de mi buena educación y habilidades sociales, no soy la mejor anfitriona.

¿Cómo?... ¿que pueden intentar sacarle de mí?
Olvide todo lo que le he dicho. Yo no he estado aquí.
Me vuelvo por donde he venido, que se hace tarde y alguien me está esperando.

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