Olvidemos el llantoy empecemos de nuevo, con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo
y su eficacia.
¿A qué llorar por el caído fruto,
por el fracaso de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?
No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas
silencio y sonreíd: Nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas
para la nueva historia
y es preciso encontrarlas
antes de que sea tarde.
1 comentario:
Es de los pocos poetas que leo y me llegan.
Precioso poema.
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