Para mayor facilidad

09 mayo 2008

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He recordado un episodio acontecido hace años, sentada en el césped y rodeada de luz mientras un hombre, de edad indefinida, se afanaba en arrancar las malas hierbas como si la vida le fuese en ello.
Se llamaba Ventura (irónico el nombre). Trabajaba de jardinero. Vivía en una choza hecha de cuatro latas y se alimentaba de tortitas de maíz y coca-cola (Jamás le vi comer otra cosa).
-¿UD tiene familia Ventura?
- Si señorita. Mujer y nueve hijos.
-¡Nueve hijos! Su mujer no ha tenido descanso.
- No señorita. De mi mujer solo son dos. El resto son de mi otras mujeres.
-¿Cuántas mujeres tiene?
- Tres, señorita.
- ¡Ay Ventura! Y con lo poquito que gana y todo lo que trabaja, ¿mantiene a todas?
- Si señorita. La virgencita las puso en mi camino.
- ¿Y son felices las tres?
-¡OH! Si señorita. Las tres están bien atendidas y saben que las quiero. A las tres las pego…
Y tras mi silencio, continuó concentrado en las malas hierbas.

Me adentré en la casa, y mientras me servía agua fresca le comenté a la cocinera, una chica que debía tener mi edad:
- Lulu. ¿Tú sabías que Ventura tiene tres mujeres?
- Si señorita.
-¿Y que las pega?
- Si señorita. ¿Por qué creé UD que yo no tengo novio y no me voy a casar nunca? Mi madre ya no tiene dientes de las palizas que le daba mi padre. Yo no quiero eso para mí.
¿Su marido a UD no la pega, verdad? Tiene mucha suerte.
- No Lulu. Mi marido no me pega. En tal caso le pegaría yo a el.
El comentario debió resultarle muy jocoso, pues a la vez que se llevaba una mano a la boca para tapársela, reía a carcajadas y el rubor asomaba a su rostro.
-Que cosas dice UD, señorita.
Y continuó cocinando mientras de vez en cuando me miraba, sacudía la cabeza, sonreía de nuevo, y reanudaba sus quehaceres.

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