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No hay dos sin tres…. Y según comprobaciones recientes, si un día se te cae todo un paquete de lentejas por la cabeza, al siguiente es muy posible que te rompas una pierna…. Aquí estoy, escayolada y con la pata quebrada mientras los cachorros descubren que las muletas son más apetitosas que cualquier hueso, zapatilla, silla o esquina. También he descubierto lo inútil que puedo ser (tampoco he sido nunca muy habilidosa, la verdad), pero el llegar hasta el PC ha sido toda una aventura. Y más si pretendes llevarte el tabaco, el móvil, el café y alguna cosilla más contigo y las muletas. Claro, que la naturaleza es sabia y solo tenía que fijarme en ella para hallar una solución: Los canguros. Y con mi bolsita a modo de marsupial voy trasladando todos mis enseres. También había pensado en colgar una bolsa similar a Natalia (el perro), pero no siempre viene cuando la reclamo…. Siempre me han dicho que estoy hecha al revés. Cuando me asusto me da por reírme, la música de relajación me pone de los nervios, cuanto más enfadada estoy más bajito y más despacio hablo. Cuando me rompo una pata…. Ayer llegó L a casa en el momento justo del incidente, encontrándome tirada en el suelo y lloriqueando (una disculpa estupenda para eliminar líquidos). Mientras venían a mi rescate para llevarme al hospital, L trataba de vestirme: “Ese vestido no L, que no pega con el único multizapato que me puedo poner. Hay que encontrar un calcetín a juego para el otro pié…”. Entonces plantada de jarras me dice: “¡eme! Que vas al hospital no a una fiesta”, a lo que repliqué: “Cariño, si hay que morir moriré toda mona y conjuntada”. El traumatólogo que me tocó en suerte era muy jovencito. Después de manosearme bien la pierna le pregunto: “¿Está rota?”, y me responde: “ Ni idea, habrá que hacer unas radiografías”.Claro, la siguiente pregunta era de cajón: “¿Y si tocándome la pierna no es capaz de saberlo, porque no me ha ahorrado tanto toquiteo con el consecuente dolor para mi y la perdida de tiempo para todos? El celador, que me llevaba de excursión en la silla de ruedas hacia rayos, me comenta que menuda nochecita de piernas llevan, que hemos ingresado una 10 personas con el mismo problema (¿Será psicosomático? ), así que cuando regreso al traumatólogo para ponerme la escayole le pregunto: “¿Qué número de pierna hago yo? Más que nada porque si soy la última tendrás tanta práctica que me pondrás una escayola para salir como ejemplo en los manuales de los escayolistas más famosos de España” Eso si, de regalo me dan unas inyecciones para ponerme tipo self service todos los días. -” ¿Ponérmelas yo? ¿Auto lastimarme conscientemente?” - “Si es muy fácil y le damos un papel de cómo hacerlo. Tiene que hacer con los dedos un pliegue en la barriga y….” - “Si fuese cuestión de pliegues…en mi barriga se hacen solos que hay overbooking. Vamos, que por pliegues que no sea…”En fin, hora de ir a la cocina: la hora a la que llegue a ella y consiga regresar es un misterio.
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